Observa cómo viven los demás su tartamudez

VIDEOS

Aquí os dejamos una serie de enlaces de videos relacionados con la tartamudez que nos han parecido interesantes:

  • El papel de los padres de niños con tartamudez, pincha aquí.
  • La tartamudez y su hijo, picha aquí.
  • Testimonio de padres hablando de la tartamudez de sus hijos, pincha aquí.
  • Reportaje sobre la tartamudez, pincha aquí.
  • Tartamudez para niños, por niños, pincha aquí.
  • Reportaje Tve sobre la tartamudez, pincha aquí.
  • To Speak, corto sobre los sentimientos de un tartamudo, pincha aquí.
  • Videos de la asociación de tartamudos, pincha aquí.
  • Explicando la tartamudez, reportaje de Tve, pincha aquí.
  • Canción Don’t laugh at me, pincha aquí.
  • La historia de Sscarman john, pincha aquí.

Además también os recomendamos ver peliculas que tratan sobre la tartamudez como:

  • El discurso del rey 2010.

  • Las dos caras de la verdad 1996

TESTIMONIOS

Mujer 51 años

Yo desde que me acuerdo de niña fui tartamuda, no podía arrancar, según lo contado por mis padres de niña, el pediatra dijo que en el desarrollo se me pasaría, a los 12 años un auto atropelló a mi papá causandole la muerte, y mi tartamudez fué una carga muy pesada de mi adolescencia cuando ni siquiera podía decir mi nombre.

A los 19 fui por mi cuenta a una fonoaudióloga por un tiempo, y psicologa aun hpy, que he mejorado mucho, lo he asumido bastante, hace 20 años con rivotril mejoré y yendo a la iglesia.

Mujer 26 años

Soy tartamuda…desde cuando??? desde siempre, no recuerdo haber hablado bien…a pesar de ello pude estudiar, ir a la Universidad, recibirme, tener amigos y una pareja, soy consciente que mi tartamudez no es muy grave ya que cuando estoy en confianza puedo hablar tranquilamente sin trabarme, sin embargo intento día a día sobreponerme y no aislarme por esto, se que a quienes les pasa esto entiende la angustia por la que se pasa y vivo preguntándome si algún día se curara y podre hablar normalmente sin tener que sentirme disminuida con ello.

Hombre 31 años

Seguimos andando. Todo el mundo nos mira. A la vez que casi nadie ve lo que ocurre en nuestro interior. Las voces que pronunciamos llegan a miles de oídos. Pero muy pocos logran comprender lo que nuestras palabras quieren decir.
Somos como una planta, que está ahí quieta mirando pasar los días. Como un animal, que no hace mas que comer, dormir o hacer sus necesidades. Gruesos muros levantados por nosotros mismos se encargan de colocarnos en este sitio. Bastante alejado de los demás.
Llegamos a convertirnos en nuestros peores enemigos. Perforándonos el cerebro con sentimientos de inferioridad, negándonos el derecho a una vida mejor.
Sin embargo y a pesar de todo tenemos la fuerza. La misma que hace que el río, aunque se lo llene con piedras, siempre encuentre un atajo por donde salir al mar. Esa que logra que los árboles, luego de crudos inviernos, vuelvan a cubrirse de verde en Setiembre.
Renacemos tras cada derrota. Al igual que como lo hace el musgo que crece entre las baldosas.
Entonces ahí es cuando debemos saber que los verdaderos héroes no son los que triunfan. Son los que luego de caer una y mil veces vuelven a levantarse y dar batalla.

Hombre 31 años

Soy tartamudo desde la primaria yo no me daba cuenta pero los compañeros te lo hacen notar. A pesar de ello pude estudiar, ir a la Universidad, recibirme  y trabajar de ello, tener amigos, una pareja y lo mejor… hijos.

Mujer 32 años

No recuerdo desde cuando soy disfluente, lo que si recuerdo es que cada vez que soplaba las velas de mis tortas de cumpleaños deseaba: “no ser mas tartamuda”. Soy esposa y madre de 2 hijos y el mas chico tiene 4 años y comenzo con disfluencia, se esta tratando en el Hospital de niños de La Plata, y la disfluencia esta desapareciendo, aunque su habla todavia no es como la de un niño de su edad.. pero estamos trabajando para mejorar!!. Solo puedo decir.. que nunca voy limitarme, que nunca dejare de hacer lo que me gusta, que si no puedo decir una palabra siempre hay otra que la reemplaza.. que si puedo es porque quiero. Para mi el secreto esta en asumir quien es uno mismo,  ponerse objetivos e intentar lograrlos.. y nunca pero nunca ponerse trabas.

Relato 

Había una vez un chico. Este chico no era feliz, tenía problemas para hablar fluidamente, era malo en deportes y tan sólo mediocre en los estudios. No era bueno en nada, un perdedor nato.
Durante prácticamente toda su escolaridad sus amables compañeros de clase le recordaban que tenía las cejas anchas, que era pálido como la leche pero sobre todo, y esto era lo más remarcable, que no hablaba bien. Los profesores, no hacían nada, no ayudaban. Alguno decía: “Debe defenderse por sí mismo”. Esta idea pesaba sobre el muchacho como una gran losa, si se defendía verbalmente confirmaba precisamente lo que sus compañeros le decían: tartaja. Únicamente quedaba la opción de la violencia física como método de defensa, y así lo hizo. Sorprendentemente, en inferioridad de número, obtuvo una victoria espartana, tal era su rabia que le otorgaba una fuerza inhumana para alguien de su edad.
Pero esta pequeña gran victoria se olvidó rápidamente, reanudaron los abusos; la fuerza de hércules no volvió a él, nunca más.
Obviamente un perdedor como él no fue atractivo para las chicas, que se reían de él como sus homólogos varones. Pidió salir a una chica con un papel escrito, no fiándose de su lengua esquiva. Ella lo rechazó, ¿acaso es esto sorprendente? No de un modo escueto y benigno, no le bastó con escribir un simple “No”, en vez de eso escribió furiosamente un ejército de “noes” sobre el papel y el chico lo sintió mucho.
No tuvo un amor que le diera alegría de vivir, y en secreto maldecía a las parejas felices que veía, poseían lo que él no tenía.
El fuelle que avivaba el fuego de su vida habría de ser la literatura. Eran reconfortantes, le devolvían las ganas de vivir.
Pero aquello no era real, y tratando de exorcizar su desasosiego dibujaba y dibujaba. En el arte pictórico encontraba la vía de escape a sus sentimientos pues nadie escuchaba. El dibujo también demostró ser útil: le evitaba palizas y recriminaciones de los compañeros de clase, por lo que entregaba algunos de sus tesoros a los cerdos.
En secundaria sin embargo los dibujos perdieron tal utilidad, y los chicos se volvieron aún más crueles si cabe. El chico de nuestra historia llegaba a defenderse en ocasiones, lo que le llevaba a ser expulsado de clase junto a su torturador ¡horror! Llegó a desconfiar más que nunca del profesorado que le ponía en el mismo saco que aquella escoria. Así fue perdiendo algunas clases, hasta que llegó un momento que aceptó estoicamente el abuso, daba igual que expulsaran a uno o dos pues los demás estaban felices de continuar la labor del instigador. El arte no fue escape suficiente y llegó un momento en que incluso leer los ejercicios que mandaban los profesores le era dificultoso, se atragantaban las palabras. Leyendo dónde antes no titubeaba, infamia.
Seguía siendo un patoso, las horas de Educación física eran las peores donde se convertía en bufón de todos, el profesor pensaba que era retrasado; su coordinación era realmente mala.
Retrasado o no, obtuvo el graduado escolar, algo que dudaba conseguir. Lo consiguió pese a haber suspendido matemáticas al final (los números eran el gran misterio); fue considerado “apto” para promocionar y promocionó.
En bachillerato no había matones, casi todos los compañeros eran chicas: buenas estudiantes, con novios, amigas entre sí…todo de lo que él estaba falto.
Pasó con gran dificultad a segundo hizo algún amigo incluso. Esta vez no hubo más que algún incidente molesto aislado, no abusos reiterados. Paz grande, descanso al fin.
A pesar de todo, estaba roto. Trató de enrolarse en el teatro pero por su tartamudez le rebajaban a papeles cada vez menos importantes, captó la idea y lo dejó.
Ni siquiera se atrevió a leer uno de sus relatos ante unos pocos chicos y un jurado, cuando ganó un concurso literario del instituto.
Bachillerato resultaba muy difícil, y agobiado terminó abandonando.
Ahora intenta de nuevo sacárselo en una modalidad diferente, el chico convertido ya en adulto joven sigue encontrándose terriblemente solo. Y en su soledad, se pregunta si alguna vez logrará un triunfo notorio, si no sobresalir en un talento llegar a ser especial para alguien, ¿quizás tener un poco de amor?

Epílogo

Hace dos años que escribí esto, para mi sorpresa he llegado a la universidad; a pesar de la desmotivación, de la desidia, que llegué a expirementar durante, practicamente, toda mi vida académica. Y en estos dos años no me he convertido en Casanova, aunque algún “rollo”, por breves que éstos hayan sido, he llegado a tener, ya he descubierto que ni soy un apestado ni un leproso, lo cual para mí ha significado mucho.
Es curioso pero creo que debido a la tartamudez llegué a la conclusión de que como no podía llegar al nivel a los no tartamudos en fluidez debía de hablar de forma más culta, correcta, educada… como una forma de compensar. En este día puedo decir que seguramente nunca llegue a dejar de ser tartamudo pero no puedo negar que he mejorado mucho en mi fluidez verbal (con un horroroso esfuerzo y desmoralizantes retrocesos). Y que, me atrevo a decirlo: hablo mejor que muchos no tartamudos.

Pedro R. Rodriguez

SOMOS tartamudos porque nos reconocemos como tales, HACEMOS (actuamos) y SENTIMOS en función de nuestra trartamudez. De allí que rechazo completamente eso que dicen por allí de que no debemos llamarnos tartamudos pues nosotros simplemente somos “personas disfluentes” o “personas que tartamudeamos a veces”.

Iván Santos

La tartamudez no aprisiona su voz. Iván Santos ha callado por mucho tiempo. Se ha negado el derecho a ser escuchado.Su vida ha sido como una batalla entre el deseo de hablar y el silencio autoimpuesto. Las heridas sufridas han sido infligidas por una  cortante pregunta a la que no le ha podido encontrar  respuesta: “¿Por qué a ellos se les facilita tanto y a mí se me hace tan difícil?”.La ha buscado incesantemente por casi la totalidad de  su  existencia, porque la falta de una  contestación  ha limitado su integración en la sociedad. Teme que el intentar expresar una opinión, un sentimiento, un conocimiento o, simplemente, pedir algo provoque una burla.

Aquí os adjuntamos un enlace con la entrevista completa a Iván Santos.

TESTIMONIOS DE PADRES CON HIJOS TARTAMUDOS:

a. “Mi hijo tiene la tartamudez marcada, se le presentó por la impresión muy fuerte de la muerte de su hermano mayor de 17 años y ver el fallecimiento de su abuelo cuando tenía 5 años. Además tuvo una operación de las amígdalas. “

b. “Mi hijo no aprendía a leer correctamente y cerca de los dos años y medio empezó a tartamudear, no hablaba bien.”

c. “Él se esforzaba bastante para hablar y no podía, esto lo noté desde los 5 años.”

d. “Traje a mi hijo por problemas de la voz, tartamudez, ingresó al centro de terapia del lenguaje desde muy pequeño pero dejé de asistir por falta de tiempo. Tengo dos hijos que tartamudean.”

Christopher:

Christopher era el menor de mis 3 hijos. Cuando empezó a enlazar palabras a temprana edad, casi inmediatamente se hizo evidente que tartamudeaba. Mucha gente se sentía incómoda ante Chris cuando él intentaba en vano sacar fuera sus palabras, entonces, cuando les expliqué que Chris tartamudeaba, las respuestas típicas fueron: “¿De verdad?, Apenas me había dado cuenta,” o ” No está tan mal, ¡No dejes que eso te preocupe! Por sus reacciones era obvio que mucha gente no sabía realmente cómo afrontar una conversación con un niño que tartamudea.

Siempre tratamos de tranquilizar a Christopher asegurándole que todo estaba bien y que no se tenía que preocupar por su tartamudez, diciéndole que si la gente era cruel, no valía la pena conocerla, etc. Estas palabras confortantes a menudo parecían vacías y, como madre, con frecuencia me sentía culpable por no saber qué hacer o cómo podía ayudarle. Probamos una terapia del lenguaje que nos ofrecieron con gran amabilidad, pero la diferencia fue poca. Entonces introdujimos algunos “trucos” orientados a la familia y, aunque no hicieron que Christopher dejara de tartamudear, le ayudaron a unirse a las conversaciones sin quedarse atrás. Siempre cenábamos todos juntos en familia. Puesto que Christopher era un cantante “fluido”, a veces organizábamos cenas en las que se cantaba. Estoy segura de que muchos de los que leen esto pueden estar pensando: “Qué poco práctico”. Sin embargo, puesto que toda la familia más que hablar “cantaba” sus conversaciones, Christopher descubrió que él podía unirse a nosotros de buena gana, visto que, por alguna razón, la tartamudez desaparecía cuando empezaba a cantar. Era divertido. Chris veía que sus opiniones eran importantes y se sentía más cercano a nosotros al no quedarse atrás en las conversaciones.

Otro “truco” que pusimos en práctica fue el dejar lo que estábamos haciendo mientras Christopher nos hablaba. A veces era difícil, pero nos dimos cuenta de que si hablábamos con él sin mirarle y sin dejar lo que estábamos haciendo a veces lo interpretaba como que no le escuchábamos. También era difícil por esta vida frenética de ahora. Pero esto tenía que cambiar. Dejaría lo que estuviera haciendo, aunque eso significara quemar la comida, y le escucharía. Todo era una cuestión de perspectiva, y, ¿Qué era más importante? ¿La cocina y la limpieza o la confianza de mi hijo? No había punto de comparación.

Sobre todas las cosas, fueron la paciencia, la amabilidad y la comprensión las que nos ayudaron en nuestra tarea. Yo sentía la frustración de Christopher casi tanto como él mismo cuando tartamudeaba y rezaba porque apareciera una cura milagrosa. Entonces vi un pequeño artículo en el Proyecto Starfish. Poco antes habíamos asistido al Starfish en East Sussex durante tres días. Yo había prestado gran atención al trabajo de Chris junto con otros jóvenes en la misma situación.

No hay duda de que esto ha dado a Christopher tanta confianza y control sobre su lenguaje que actualmente él es un chico distinto. Ya no le asusta el participar en las conversaciones, o el usar el teléfono y decir lo que quiere decir. Esto realmente nos ha ayudado a toda la familia, pero lo más importante de todo es que ha proporcionado a Christopher lo que ha resultado ser el control más acertado para su lenguaje.

Los dos sabemos que habrá días malos en los que podrá flojear un poco cuando ya piense que lo tiene superado. Nunca lo superará del todo, pero SIEMPRE lo tendrá controlado. Sea cual sea el camino que decidas tomar para buscar ayuda y apoyo para tu hijo, yo creo que los cimientos están en casa. Los pasos a seguir más importantes son la paciencia, la amabilidad y la comprensión. Yo realmente pienso que estas palabras son la clave. También he aprendido que cada tartamudo es tan diferente como la persona que está tartamudeando. Por eso quizás otros “trucos” pueden ser buenos para ti y para tu hijo. Creo que es importante recordar que, por más disparatado que suene el cantar en la mesa durante la cena, si esto le ayuda, la confianza de tu hijo no puede más que verse fortalecida.

Entrevista a  Paco Jaime, enfermero de Salud Mental en un centro de salud de Málaga:

Cuando habitualmente se tartamudea es porque  queremos terminar la frase que estamos haciendo sin aire en los pulmones, como estoy haciendo yo ahora (dice la persona entrevistada), entonces te quedas atrancado. También hay otros problemas pero normalmente son por problemas de inseguridad, son personas tímidas y con una autoestima relativamente baja.

¿A qué edad empezó usted a tartamudear?

 Yo he tartamudeado siempre.

¿Y se dieron cuenta sus padres, en el colegio, o como fue?

Mis padres  no le dieron la mayor importancia, fue en el colegio, cuando estudiando  4º de bachiller, ¿4º era? Si. Porque yo soy de un plan muy antiguo de estudios. Pues eso estudiando 4º de bachiller fue la época en la que se empezaron a implantar los psicólogos en los colegios, y entonces fue el  psicólogo del colegio quien se puso a trabajar en serio conmigo para “curarme” la tartamudez pero no lo consiguió. Él me llevaba a la consulta, e intentaba que yo hiciera los ejercicios que él me estaba enseñando, pero lo que yo hacía era  aprender la técnica y después hacerlo en casa, por lo que  yo estaba más atento en ver como se hacía el ejercicio que a lo que él me quería corregir.

Entonces lo que consiguió este hombre es que abandonara la consulta y comencé a trabajar conmigo mismo.

¿Entonces usted siempre ha trabajado consigo mismo?

Si conmigo mismo

¿Con libros y eso?

No

¿Con lo que él le enseñaba?

Este hombre solo duro un par de meses, porque yo también era un poco rebelde e inconformista, y entonces lo mío es mío  y si yo tengo un problema me lo tengo que solucionar yo. El problema mío era el tartamudeo, y comencé a trabajar conmigo mismo, con el tema de la respiración y poniendo en práctica lo ejercicios que él me enseñaba y entonces terminé las visitas a sus consultas.

Bueno ahora tartamudeo más de tanto en tanto, se me va notando menos cada vez. . Lo que yo hago que me ayuda mucho,  es escucharme a mí mismo, cuando te estás escuchando continuamente tu pensamiento y ves que tartamudeas y comienzas hacerlo en voz alta y sigues sin tartamudear,  cuando entra alguien por la puerta, tú sigues igual sin tartamudear,  por  la inercia.

Esto es como el que tiene una rodilla con una laxitud tendinosa, entonces la rodilla se le va para un lado y para otro. Por tanto tiene que controlar el movimiento de la rodilla para que no se le vaya. Entonces tú andas perfectamente mientras que el otro tiene que ir pensando en que va apoyar esa pierna y que tiene que controlar  que la rodilla no se le vaya ni para la izquierda, ni para la derecha. Pues exactamente igual.

¿Y luego en el colegio o en el instituto como  le trataban los compañeros, como se sentías?

Generalmente  siempre he sido buen estudiante, también un poco cara dura y vividor, entonces a mí en lugar de perjudicarme, me ayudaba, y  tartamudeaba  un montón. Te puedo decir que aunque era buen estudiante, historia del arte en 7º de bachillerato  y el preuniversitario (plan de estudio antiguo), la aprobé gracias a la tartamudez.  Ahora me arrepiento pero como para no  perder el tiempo porque hacíamos los exámenes orales, nos ponían diapositivas y había que describir los arcos y lo que veías, entonces a mi me hacían el examen escrito.  ¿Qué hacia? Que me copiaba en el pupitre todo el temario, y como el profesor estaba  a su bola me copiaba.

También yo era el que salía siempre voluntario. Yo era no líder pero si aglutinaba, ¿Por qué? Porque  cuando no había estudiado nadie yo era el que salía voluntario entonces que pasaba que la hora se iba y ya no se preguntaba a nadie más. Entonces ¿qué pasa? La tartamudez  ha servido para liderar, yo me he servido de ella, no la tartamudez se ha de mí, y eso va en planteamiento de cada uno, y ese planteamiento debe comenzar desde muy pequeñito.

¿Y luego porque decidió estudiar enfermería y salud mental?

Enfermería la estudio porque se me plantea, con 21 años ya estaba hasta las narices de vivir a costa de mis padres, necesitaba de una carrera corta y que empezará a trabajar de inmediato. En esa época empecé a trabajar en salud mental  a la par que estudiaba 1º de carrera, empecé haciendo funciones  en aquella época de ATS con un contrato de auxiliar, trabajaba en el manicomio  la célebre sala 21.

Yo entro el 1 de julio del 76  a cubrir las vacaciones de los propios alumnos que estaban trabajando ya allí, y hasta el día de hoy, que ya llevo en esto 36 años.

Entonces ¿La tartamudez nunca le ha condicionado para hacer cosas?

Nunca, nada. Recuerdo que cuando había una asamblea, yo me paraba en mitad de la asamblea con 1000 personas o 500, las que fueran, yo levantaba la mano, y empezaba a hablar tardara lo que tardara, nunca me importó un pimiento. Y si llegado el momento, comienzo a  tartamudear, yo decía y sigo diciendo,  “el que se quiera reír que se ría, no pasa nada, nos reímos todos, yo el primero”.

Es muy divertido ver  la angustia, no mía, si no la de la otra persona.  Tu lo puedes ponerte  muy angustiado porque yo estoy tartamudeando y yo lo que estoy es disfrutando de tartamudear y ver cómo te estás angustiando tu. Daros cuenta que son mecanismos de defensa que tú te vas creando para combatirla. El afán ese de decir tengo que llegar aquí.

Entonces ¿Qué consejos le daría para que los padres traten a los hijos?

Que no le den la mínima importancia, cuanta más importancia le des más va a tartamudear. Y que en cuanto lo detecte que lo lleven de inmediato a un logopeda, fundamentalmente. En mi época no había logopedas, los logopedas empiezan hace 15 años, no antes. Entonces eran psicólogos quienes traban estos problemas.

No le terminen las frases, ni que la digan por ellos, que le reeduquen en el  proceso de la respiración y que intenten enseñarle al niño a que el pensamiento vaya más lento, porque el pensamiento va 4 kilómetros por delante, entonces pensamiento y habla, se aturrullan. El pensamiento tiene que ir siempre un pasito por detrás de lo que está diciendo.  Y siempre intentar hablar en un tono monótono, que produzca sueño. Y no alzar la voz porque es cuando se empieza a tartamudear. Es cuando el pensamiento se acelera.

Pero entonces como usted lo está enfocando o está dando a entender  la autoestima de la persona es fundamental  ¿no?

 Si, es fundamental. Porque si tienes la autoestima baja y tienes al de enfrente que encima se está riendo de ti ¿Cómo puedes terminar? Como el rosario de la aurora, o te lías una soga al cuello o te tiras por la ventana. Fundamentalmente es convencerte a ti mismo de que tú vas a poder con esto.

Vosotros no os podéis hacer idea de lo que es tener a un grupo de gente riéndose de ti. Y los chistes sobre los tartamudos  y el cómico que sale ahí imitando al tartamudo.  Como se te revuelven las tripas y te entran ganas de tirar  una piedra a la pantalla del televisor o de ir y subir al escenario  y de patear al que hay, pero bueno.

Muchas gracias por atendernos.

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Esta entrada se publicó el noviembre 6, 2012 en 7:02 pm y se archivó dentro de Uncategorized. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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